10/12/09

NUEVA PALABRA EN LA REAL ACADEMIA DE LA LENGUA

(Por lo que pueda venir en la futura "IDI" (inquisición de internet), aclaro que todo lo que a partir de aquí se lee, se añade siempre con "animus iocandi". Ya he censurado el correo que recibí, recortando todo aquello que no puede ser demostrado tirando de hemeroteca. Y, si a pesar de eso, alguien se pica, es que ajos come).

La Real Academia Española de la Lengua, en sesión plenaria, ha decidido crear
la acepción * zp *, en homenaje al gran intelectual que ocupa la Presidencia del
Gobierno, Sr. Rodríguez Zapatero.

En el acto el secretario de la
Academia leerá la acepción de *zp*, que será incluida en la próxima edición del
Diccionario de la Real Academia Española y que es la siguiente:

*ZP ó ZETAPÉ*..

  1. Dícese del que por fuego o explosión se ve aupado a un cargo público sin ser
    capaz de desempeñarlo.
  2. Individuo que puede hablar de cuestiones complejas, que desconoce, sin decir
    absolutamente nada, pero con mucho talante.
  3. Hombre al que le sientan mal los trajes, le quedan las mangas raras, se le
    meten los pantalones por los calcetines y carece del más mínimo estilo o donaire
    en el vestir.
  4. Sujeto al que le queda grande un cargo.
  5. El que se mete en líos y no sabe cómo salir de ellos, metiendo en líos
    a los demás, innecesariamente.
  6. Persona que a la muerte de soldados en zona de guerra le llama accidente si
    los envía él, y asesinato si los envía cualquier otro.
  7. Que siente placer en molestar y disgustar a otras naciones. Que se
    regodea en la mala educación con los mandatarios de un país, insulta a su pueblo
    no levantándose al paso de su bandera y simultáneamente, quiere ser
    recibido por su presidente.
  8. Persona de la que se ríe medio país, mientras el otro medio se echa las
    manos a la cabeza con las tonterías que hace.
  9. Persona poco instruida en la Historia de España, que se permite el lujo de
    jugar a desmembrarla y que dice aceptar cualquier barbaridad que le puedan
    enviar desde un parlamento regional.
  10. El que negocia con terroristas y pone en la calle asesinos. El que,
    incumpliendo la Ley permite la presencia de terroristas en las instituciones,
    facilitándoles subvenciones y financiando sus actividades con el dinero de
    todos.
  11. Sujeto que tiene un parecido impresionante con el humorista británico
    conocido como Mr. Bean, que se caracteriza por interpretar papeles de
    imbécil.
  12. Dícese del que hundiendo un país aparenta salvarlo.
  13. Persona obsesionada con la guerra civil española.
  14. Inventor de la Alianza de Civilizaciones, interesante iniciativa que
    contempla apoyar a paises que obligan a llevar velo, cortan una mano al ladrón,
    fomentan la guerra santa, impiden la libertad de culto, obligan que la mujer
    vaya dos pasos detrás del varón, que no pueda decidir sobre su futuro o con
    quien contrae matrimonio y otras prácticas muy civilizadas.

25/11/08

Fuera ratas de Catalunya

Antonio Robles, fundador en su día de la AT, recibió junto a otras personas insultos y agresiones en la manifestación contra la ley de educación catalana en Barcelona, A. Robles describe el suceso en el presente artículo:

 

«Fora rates de Catalunya»

Quien nos trataba de nazis, se comportaba como ellos. Sin matices, sin metáforas. Como nazis. Esa fobia no nace de la noche a la mañana, no explota en un momento de rabia, es fruto de una educación.

No fue el más repetido, pero fue la culminación de todo el odio desatado: «Fora rates de Catalunya!».

 Habíamos llegado a una manifestación en favor de una escuela pública y de calidad y nos encontramos con una ola de rencor y escarnio. La mañana era soleada, un día festivo y lúdico, como suelen ser las manifestaciones de educación. Antiguos conocidos se encuentran de nuevo, se saludan y rememoran.

 Un grupo de jóvenes nos muestra su malestar por nuestra presencia.No entienden como gentes tan impresentables pueden apoyar esa manifestación. Les explico, pero no aceptan. Choca con sus prejuicios sobre nosotros. Aún así, son educados y tienen interés en mostrarnos su desprecio. Se cruza un profesor canoso, de unos 50 años: «Què feu aquí, fatxes?» y dirigiéndose a los jóvenes les recrimina: «Què feu parlant amb aquesta gent?»; vuelta a nosotros: «Foteu el camp de Catalunya, cabrons!». Varios compañeros a mi espalda tratan de hacerle razonar. Le miro a los ojos y le reprocho: «¿Le hemos tratado con mala educación para que nos trate de esta manera?», «Calleu fatxes, us tenim ganes!, m'enteneu?, ganes!, així que millor que calleu!». Mis compañeros se indignan. Trato de calmarles. Los jóvenes insisten en su desprecio, pero se desmarcan de la violencia del señor. Les sigo atendiendo.

 Parece la única conversación civilizada que hay a lo largo de la pancarta de Ciudadanos que acabamos de desplegar: «Contra la LEC. Por una enseñanza pública de calidad y contra la discriminación» (En catalán y castellano). Ante ella se ha plantado un frente de jóvenes y personas adultas con todo tipo de insultos: «Fora nazis!, fora nazis!» cantan. La ha iniciado un profesor de unos 40 años mal encarado, de más de cien kilos y aspecto desgarbado.Logra incendiar a todos los jóvenes a nuestro alrededor. Cada vez grita el estribillo con más violencia, mirándonos, escupiéndonos con los ojos, seguido por cientos de personas. Nos empujan, nos quieren expulsar de la manifestación.

 No hay manera de razonar, ni de lograr que nos miren como iguales.No aceptan nuestra presencia, la encuentran intolerable; y lo peor, no es que lo digan a gritos, es que brota de sus rostros desencajados, henchidos de superioridad moral: «A la puta Espanya!, marxeu-vos!, nazis!, espanyols!». Ni un momento de duda, la percepción esperpéntica que tienen de nosotros está arraigada como la fe.¿Cómo pueden tener una imagen tan distorsionada de Ciudadanos? Todo su hostigamiento era la evidencia de un diálogo imposible: ¿Cómo es posible que culparan de querer acabar con el catalán a quienes de nosotros más se empeñaban en hacerles entrar en razón dirigiéndose a ellos en esta lengua? Un mundo al revés, quien nos trataba de nazis, se comportaba como ellos. Sin matices, sin metáforas. Como nazis. En el lenguaje, con su intransigencia, en su desprecio, con la firme convicción de comportarse como buenos patriotas.

 Y aún peor, no eran unos cuantos exaltados, una excepción anómala, ni siquiera la locura inducida por un calentón o una borrachera de un grupo de tronados, ¡no!, era la atmósfera normalizada de la mayoría social que nos rodeaba. La clase media ociosa y satisfecha de haber nacido en una nación mediterránea, maltratada por la pandilla de hijos de puta que se atrevían a reivindicar derechos en su propiedad. Ya no eran las ideas sostenidas por Ciudadanos, que también, aborrecían la identidad misma que nos individualizaba como colonizadores. La misma identidad leprosa que hizo indeseables a gitanos, negros o judíos. Corten la historia por donde gusten y elijan.

 Esa fobia no nace de la noche a la mañana, no explota en un momento de rabia, es fruto de una educación. Alguien ha tenido que envenenar la mente de estos jóvenes para que sean incapaces de percibirnos como somos. Los lugares comunes mentales en que se movían los hemos visto y los vemos cada día a pequeñas dosis en TV3, en periódicos comarcales, estadios de fútbol y escuelas. Incluso cuando un socialista en el Parlament se desentiende de nuestros argumentos y nos llama falangistas. Innumerables irresponsables acarrean su granito de arena. Parece que no, pero hacen montón.A eso, Félix de Azúa , lo llamó «pedagogía del odio».

 Los insultos arreciaron. Los gritos eran ensordecedores: «Fora, nazis!, fora, espanyols!; Sou una merda, fora de Catalunya! Aneu-vos a Espanya!, sou polítics, no mestres, fora rates de Catalunya!...».Y de repente, el linchamiento. Un remolino de golpes y patadas nos arrebataron las banderas y las rompieron junto a una cámara, varias gafas, el intento de prender el pelo de una señora mayor la vergüenza y el dolor de algunos golpes.

Nunca vi tanto odio en la manera de escupir insultos, los ojos inyectados de ira, ni una oportunidad al diálogo; como si todos hubieran esperado ese momento para linchar a los seres más adyectos de la tierra.

 Temí por mis compañeros, muchos de ellos habían llegado a nuestras ideas con el nacimiento de Ciudadanos; muchos de ellos no eran conscientes del peligro real en el que estábamos y todavía tenían agallas y dignidad para gritar «¡libertad!, ¡libertad!, ¡libertad!».El resultado sucio de insultos, amenazas y empujones y los gritos de «¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!» me recorrieron la espina dorsal. Allí había personas con dignidad que ponían épica donde ya sólo quedaba miedo y rabia.

 Ni rastro de los Mossos. Cuando llegaron, a la media hora de solicitar su presencia, el hostigamiento seguía, pero no hicieron nada. Cuando intenté persuadirles de que se estaban conculcando nuestros derechos de ciudadanos a transitar libremente por la calle sin ser hostigados, me señalaron el teléfono: «Tenemos órdenes de no intervenir si no hay una agresión». José Antonio estaba a esas horas en el hospital.

 Antonio Robles es diputado de Ciutadans en el Parlament de Catalunya. 

 21/11/2008 - Antonio Robles, EL MUNDO

 

14/11/08

El artículo que ha escocido a los catalanistas (el subrayado es mio).

How much is enough?

Nov 6th 2008
From The Economist print edition

Devolution has been good for Spain, but it may have gone too far


THE hardest problem for the authors of Spain's democratic constitution was to strike a balance between the central government and the claims of Catalonia, the Basque country and Galicia for home rule. The formula they came up with was known as café para todos, or coffee for all: Spain was divided into 17 "autonomous communities" (plus the enclave cities of Ceuta and Melilla on the Moroccan coast), each with its own elected parliament and government. This estado de las autonomías seemed a neat solution. Over the past 30 years more and more powers and money have been devolved. The regional governments are now responsible for schools, universities, health, social services, culture, urban and rural development and, in some places, policing. But it is becoming clear that even as it has solved some problems, decentralisation has created others.

The estado de las autonomías has several clear benefits. First, as Mr Zapatero says, "it spreads power and impedes its concentration," and in that way reflects "the best liberal thinking". Second, by bringing decisions about services closer to the people it has improved them. Third, it encourages competition between regions. The rivalry between Barcelona and Madrid may have acquired an edge of mistrust, but it is in essence a creative tension. And fourth, the system has reduced regional inequalities, or at least stopped them widening.

In other parts of the country Valencia and Zaragoza have become thrusting cities with an economic and cultural life of their own, and Bilbao's metamorphosis from a centre of declining heavy industry into a cultural and tourist magnet, started off by its Guggenheim Museum, has become a textbook case of urban regeneration.

All this has come at a political price. First, it has led to a renaissance of an old Spanish political phenomenon, the cacique or provincial political boss, as Antonio Muñoz Molina, a leading novelist, points out. Mr Pujol ran Catalonia for 23 years; Manuel Fraga, a former minister under Franco who founded the forerunner of the PP, ran Galicia for 15 years; and Manuel Chaves, a Socialist who has headed Andalucía's regional government since 1990, is said to reign rather than govern.

These modern princes have their courts. "Every regional government wants its own universities, contemporary-art museum and science museum," says Josep Ramoneda, who heads the Centre for Contemporary Culture in Barcelona. "In the United States there's only one Hollywood. Here they want 17." In Andalucía the regional government is by far the biggest employer, and the biggest advertiser in the regional press. Every regional government has its own television station. Mr Zapatero has taken to holding regular "presidents' conferences" with his regional counterparts. The latest one attracted 600 journalists. "It looked like the UN General Assembly, with six or seven satellite trucks outside," notes Enric Juliana, a journalist for La Vanguardia, a Barcelona newspaper.

The regional governments even get involved in foreign policy. Some have aid budgets. Mr Muñoz Molina, who was the director of the New York office of the Instituto Cervantes, a body to promote Spanish culture, recalls that regional presidents would turn up in the city with vast entourages. Most of these missions were badly organised and achieved nothing except favourable coverage in their captive media.

Coffee just for us

But this panoply of decentralisation has not placated the politicians in Catalonia, the Basque country and Galicia. That is because they never wanted café para todos: they wanted it just for themselves, as a recognition that they were different. They still want that, no matter that Spain is now an extraordinarily decentralised country in which the Basques, for example, enjoy a greater degree of home rule than any other region in Europe. Their demands make it difficult to draw up a stable and permanent set of rules.

Catalan and Basque "nationalists" argue that unlike, say, La Rioja or Murcía, their territories are nations, not regions (nor "nationalities", in the tortuous formulation of the constitution), and invoke history to support their claim. "Here the conflict dates from 1836," insists Joseba Aurrekoetxea, a leader of the Basque Nationalist Party (PNV), referring to the Carlist war after which the central government revoked the Basques' fiscal privileges (restored in 1979). "Catalonia was always distinct," says Artur Mas, who replaced Mr Pujol as leader of CiU. It descends from the medieval kingdom of Aragón, and rebelled against Madrid in 1640 and in 1701.

But Catalan and Basque nationalism are creations of the late 19th century. They stem from industrialisation, which made these the richest regions in the country, taking in migrants from elsewhere in Spain. At the time the Spanish state, unlike its French counterpart, lacked the resources to integrate the country, says Antonio Elorza, a Basque political scientist at Madrid's Complutense University. Otherwise Catalonia and the Basque country would have been as content within Spain as Languedoc and Brittany are within France.

Perhaps because the historic claim to nationhood is shaky, language has become an obsession for the nationalists. Franco banned the public use of Catalan, Euskera (Basque) and Gallego. The constitution made these languages official ones alongside Spanish in their respective territories. In Catalonia the official policy of the Generalitat (the regional government), under both the nationalists (some of whom are really localists) and now the Socialists, is one of "bilingualism". In practice this means that all primary and secondary schooling is conducted in Catalan, with Spanish taught as a foreign language. Catalan is also the language of regional government. A Spaniard who speaks no Catalan has almost no chance of teaching at a university in Barcelona. A play or film in Spanish will not be subsidised from public funds. "If we don't make a big effort to preserve our own language, it risks disappearing," says Mr Mas.

Catalan and Spanish are more or less mutually comprehensible. Not so Euskera, which does not belong to the Indo-European family of languages. The Basque government allows schools to choose between three alternative curriculums, one in Euskera, another in Spanish and the third half and half. But in practice only schools in poor immigrant areas now offer the Spanish curriculum. Despite these efforts, Basque and Catalan are far from universally spoken in their respective territories: only around half of Catalans habitually use Catalan and about 25% of Basques speak Euskera.

The nationalists' linguistic dogmatism is provoking a backlash. Earlier this year Mr Savater, the philosopher, together with a diverse group of public figures ranging from Placido Domingo, a tenor, to Iker Casillas, Real Madrid's goalkeeper, signed a "manifesto" in defence of the right of citizens to be educated in Spanish. They were denounced as "Castilian nationalists" in the Socialist press. But they touched a nerve. Many thoughtful Catalans believe that Catalan would be safe if it remained the language of primary schools, but that Catalonia would gain much by allowing a choice between Catalan and Spanish in secondary schools.

The power of language

The argument about language is really about power. "The problem with nationalists is that the more you give them, the more they want," says Mr Savater. What some of them want is independence; all of them use this as a more or less explicit threat to gain more public money and powers. The polling evidence suggests that no more than a fifth of Catalans are remotely tempted by the idea of independence. The figure for Basques is around a quarter, despite 30 years of nationalist self-government and control of education and the media, and despite the departure of around 10% of the population because of ETA's violence, points out Francisco Llera, a (Socialist) political scientist in Bilbao.

ETA's political support is declining, though not vanishing. The PNV is split between a pro-independence wing led by Juan José Ibarretxe, the president of the regional government, and home-rulers in the party leadership. Mr Ibarretxe wants to hold a referendum on the right of Basques to self-determination. Mr Aurrekoetxea argues that ETA should not have a veto over whether Basques can peacefully express a view on the future.

The government, parliament and the courts have all blocked the referendum plan "because it is against the constitution", says Mr Zapatero. "It would make ETA right in fighting on the basis that this is an oppressed people," says José Antonio Pastor, a Basque Socialist. He and many other non-nationalist politicians and their families must live with round-the-clock bodyguards. In parts of the Basque country, in the tight rural valleys on the borders of Vizcaya and Guipúzcoa, non-nationalists cannot campaign freely. The Socialists hope to win a Basque regional election due in March. To improve their chances, they are following their Catalan peers in embracing cultural nationalism.

Buying off the Basque and Catalan nationalists with more money has become harder. The central government now accounts for just 18% of public spending; the regional governments spend 38%, the ayuntamientos (municipal councils) 13% and the social-security system the rest. But under the new Catalan autonomy statute more money has to be devolved. Over the next seven years Catalonia will have to be given a share of public investment equivalent to its weight in the Spanish economy, which will amount to an extra €5 billion a year. Previously Catalonia, although Spain's fourth-richest region, received less public spending per head than several others. It complains that its commuter trains, in particular, have been starved of funds.

The Basques have no such worries: each Basque province and Navarre collect their own taxes and hand over less than 10% to the central government in Madrid. But they benefit from central-government defence spending, and they are net recipients from the social-security system. As a result, public spending per person in the Basque country is the highest in Spain.

The new Catalan statute requires the government to strike a new regional financing deal, even though the one in 2001 was supposed to be final. But it is to the central government that Spaniards will look for unemployment benefits and for spending to alleviate recession. Local governments are likely to suffer budget cuts by 2010, if not next year.

The government's ability to carry out economic reforms is also compromised by decentralisation. As regional governments acquire more and more power to regulate, businesses face higher compliance costs. Now that the government employment service has been decentralised, José María Fidalgo, the general secretary of the Workers' Commissions, the largest trade-union federation, worries that jobseekers have to look at 17 different websites.

It would have been easier for all concerned if Spain had adopted federalism in 1978. That would have set clear rules and aligned responsibilities for taxing and spending. The Senate could have become a place where the regions were formally represented and could settle their differences, akin to Germany's Bundesrat. But the Catalan and Basque nationalists will only accept a confederation of several "nations". The PP also opposes federalism.

In the meantime Spain must muddle on. "The great Spanish project is not in danger, but it's like a plant that requires constant tending," says Narcís Serra, who used to be Mr González's vice-president and now runs Caixa Catalunya, a savings bank. "It's important that Catalonia is comfortable in the project." The government in Madrid could make some gestures to the regions, such as moving some regulatory agencies or other national bodies out of the capital. And would it really be the end of Spain if the Basques, like the Welsh, had their own national football team?

Elsewhere in the country anti-nationalism is starting to stir. Mr Savater and Rosa Díez, a former Basque Socialist leader, have set up a new party of the radical centre called Union, Progress and Democracy (UPyD), in an effort to combine social liberalism with a defence of the idea of Spain. They hope to profit from the rising disillusion with both the main parties. Even though it lacked money and access to the media, it won 1.2% of the vote in the March election, the same as the PNV. But because the electoral system disproportionately rewards geographically concentrated votes, the UPyD secured only one deputy, Ms Díez, against the PNV's six. It hopes to do better in an election to the European Parliament next June, for which the whole country will count as a single constituency.

26/9/08

Socialistas

Ojalá algún político hablase así de claro en España



SYDNEY, 28 de Dic, (Sun Times)

El primer ministro australiano, John Howard, dijo el miércoles a los musulmanes que quieran vivir bajo la Sharia islámica que se marchen de Australia; en unos momentos en que el gobierno se encuentra aislando a posibles grupos radicales que podrían en un futuro lanzar ataques terroristas contra el pueblo de esa isla-continente.

Asimismo, Howard despertó la furia de algunos musulmanes australianos cuando dijo que ha dado todo su apoyo a las agencias de contrainteligencia australianas para que espíen en las mezquitas que hay en la nación.

'Los que tienen que adaptarse al llegar a un nuevo país son los inmigrantes, no los australianos', expresó con firmeza el mandatario. 'Y si no les gusta, que se vayan. Estoy harto de que esta nación siempre se esté preocupando de no ofender a otras culturas o a otros individuos. Desde el ataque terrorista en Bali, hemos experimentado un incremento de patriotismo entre los australianos'.

'Nuestra cultura se ha desarrollado sobre siglos de luchas, pruebas y victorias de millones de hombres y mujeres que vinieron aquí en busca de libertad', agregó Howard.

'Aquí hablamos inglés fundamentalmente', dijo el primer ministro en un momento de su enérgico discurso. 'No hablamos árabe, chino, español, ruso, japonés ni ninguna otra lengua. Por lo tanto, si los inmigrantes quieren convertirse en parte de esta sociedad, ¡que aprendan nuestro idioma!'

El mandatario continuó diciendo que la mayoría de los australianos son cristianos. 'Esto no es un ala política ni un juego político. Se trata de una realidad. Se trata de hombres y mujeres de ascendencia cristiana que fundaron esta nación basándose en principios cristianos, lo cual está bien documentado en todos nuestros libros. Por lo tanto, es completamente adecuado demostrar nuestra creencia en las paredes de nuestras escuelas. Si Cristo les ofende, entonces les sugiero que busquen otra parte del mundo para vivir, porque Dios y Jesucristo son parte de nuestra cultura'.

'Toleraremos vuestras creencias, pero teneis que aceptar las nuestras para poder vivir en armonía y paz junto a nosotros', advirtió Howard. 'Este es nuestro país, nuestra patria, y estas son nuestras costumbres y estilo de vida. Permitiremos a todos que disfruteis de lo nuestro, pero cuando dejeis de quejaros, de lloriquear y de protestar contra nuestra bandera, nuestra lengua, nuestro compromiso nacionalista, nuestras creencias cristianas o nuestro modo de vida. Os recomiendo encarecidamente que aprovecheis la gran oportunidad de libertad que teneis en Australia. ¡Aquí tenéis el derecho de iros a donde más os convenga!'

'A quienes no les guste cómo vivimos los australianos', prosiguió Howard. 'Tienen la libertad de marcharse. Nosotros no los obligamos a venir. Ustedes pidieron emigrar aquí, así que ya es hora de que acepten al país que los acogió'.